RAMIRO LAGOS

 
 
 

Las sotanas de Los Ángeles
y de Boston se desmadran.
¡Ave María purísima!
¡Qué impúdica remembranza!

Ángeles negros y blancos
se cruzan en torre alta
Y a los ángeles pequeños
se le cortan tiernas alas.

Para pagar el pecado
600 millones paga
Mr. Dólar, defendiendo
la afrenta de los pederastas.

La mitra imparte perdones
con sus rezos y plegarias
se perdonan los pecados
con dólares de beatas.

Las torres se desmoronan
con sus golpes de campanas.
¡Ay, Cristo de las tinieblas,
se apagan cirios y lámparas!

Lloran Los Ángeles, llueve
bajo tormenta las lágrimas,
y en el viento de los lirios
la protesta se levanta.

No tiene perdón del cielo
quien viole al lirio a sus anchas.
El lirio flor de ternura,
pura azucena de alma.

En los jardines los niños
su triste historia no cantan;
se les queda el canto agudo
hundido en su propia entraña.

En las torres de San Diego,
hay murciélagos que espantan
y su cielo se oscurece
cuando rastrillan sus alas

¡Ay, Los Ángeles, San Diego!
De advocación pura y santa,
echad del templo al demonio
echad del templo a las máscaras.

¡Ay, Cristo de las angustias!
¡Cristo roto de la Infancia!
Tus sufrimientos conmueven
porque es inmensa la infamia.

 

HÉCTOR ROJAS HERAZO

 

Más conocido como poeta y novelista en cuyas obras Respirando el verano, En noviembre llega el arzobispo y Celia se pudre, enfoca la cultura caribeña de Colombia, la pintura ocupa un renglón importante en la vida artística de Héctor Rojas Herazo (Tolú, 1921-Bogotá 2002). En una primera época se dedicó a pintar escenas de la vida cotidiana en una suerte de costumbrismo rural ejercido por un testigo que se asombra de las cosas que observa a su alrededor. Con sus temas iniciales, también se interesó por las estampas de la historia sagrada y pasajes bíblicos como David contra Goliat, El Suicidio de Saúl o Viaje de Tobías acompañado por un ángel.

Rojas Herazo es un artista a carta cabal que se resistió a hacer una pintura cosmopolita, en su lugar se nutre de sus recuerdos de infancia y de los personajes típicos que pasaron por el patio de su casa como la vendedora de frutas o de pescado, los músicos, la niña con cometa, espantapájaros, flautistas, arlequines y otras figuras de la Commedia dell’Arte.

Desde joven alternó la literatura y el periodismo con una pintura de trazo vigoroso que alude a la naturaleza costeña, su fauna, sus mitos y leyendas. Siempre manifestó una decidida admiración por el muralismo mexicano, en especial por la “lujuria testimonial” de José Clemente Orozco cuya obra definió como una “mezcla inquietante de inmovilidad bizantina y turbulencia barroca”, elementos que incorporó a su pintura de carácter expresionista ─en la misma línea de su colega Alejandro Obregón─ en un contexto cromático de exuberante textura.

Su obra está regida por una gama de fogosos amarillos, rojos, ocres, negros y blancos que imprimen una personalidad cálida a sus macizas siluetas, así como por matices primarios entramados entre las líneas de sus temas favoritos. Sus composiciones suelen ser sencillas, de formas geométricas simplificadas y rasgos esquematizados que en algunos casos recuerdan volúmenes sólidos por la rigidez hierática de su concepción visual.

Las diferentes etapas por las que pasó su pintura se caracterizan por fusionar la sensualidad caribeña con un rigor intelectual que logra trascender el localismo de sus argumentos plásticos.

De naturaleza investigativa, su producción asimiló también el cubismo que derivaba en ocasiones hacia la abstracción de sus postulados visuales. En algunas de sus obras especuló sobre la metamorfosis de las imágenes utilizando la técnica del raspado sobre la capa cromática para dejar entrever la luz que se proyecta desde el trasfondo. A pesar de ser un narrador de largo aliento e imaginativas metáforas, cada una de sus pinturas equivale a un verso o quizás a una estrofa de su poesía que describía con un aire entre amargo y nostálgico su trayectoria autobiográfica.

Algunas señales
Héctor Rojas Herazo nació en Tolú-Sucre y falleció hace 12 años en Bogot.á. A lo largo de más  de medio siglo trabajó la narrativa de ficción en tres novelas fundamentales: “Respirando el verano” (1962), “En noviembre llega el Arzobispo” (1967) y”Celia se pudre” (1986).

Fue un creador versátil y polifacético: pintor, poeta y escritor.  Su mayor influencia fue su  abuela Buena Herazo, y el universo enduendado del patio de su casa.  Por eso  alguna vez se se definió como “un hombre de patio. Soy un patiero viejo. He deambulado mucho y sigo haciéndolo en torno a esos árboles frutales, oyendo el sonido del tiempo entre sus ramajes. En ese patio nací al orbe de la percepción”. Esa palpitación está en sus tres novelas y en su  poesía-- Rostro en la soledad, Desde la luz preguntan por nosotros, Tránsito de Caín y Agresión de las formas contra el ángel, y sus pinturas.

En 1993 Héctor Rojas Herazo presentó su exposición El solar y la herencia, en el Planetario Distrital de Bogotá, integrada por 26 óleos sobre acrílicos en lienzo y bautizados con nombres  inusitados como Espantapájaros consolado por una golondrina, Gallo dividiendo el alba,Cosas en la alacena, Paloma guarumera, entre otros.
“Su pintura -dijo el español Félix Grande -es algo más que la astucia del artesano: es la sensualidad, es el ritmo”.

NOTICIA TOMADA DE EL UNIVERSAL

 

OSCAR ECHEVERRY MEJÍA

 
 

Cuando yo digo poesía, digo

la sangre con sus ríos y torrentes,

la sangre y su milagro que nos salva,

el hombre con sus huesos y sus músculos

y su polvo y sus sueños. 

Oscar Echeverri Mejia

 

El presente texto hará una mirada panorámica a los libros Canciones sin palabras (1947),Cielo de poesía (1952), Destino de la voz (1942)y La rosa sobre el muro (1952) tratando de establecer algunas características en la poética inicial de Óscar Echeverri Mejía. Se indagó en el contexto, fundamentalmente en lo concerniente a su biografía, se revisaron aspectos lingüísticos y literarios, los temas principales de su obra, las preocupaciones recurrentes y comentarios de la crítica para observar los elementos comunes y propuestas novedosas e influencias en la poesía publicada hasta el año 1955.

 

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